RUMBO A AVÁNDARO

A 38 años de distancia…

Záfiro, El Ritual, y demás banda en el coto rumbo a Avàndaro…

LOS DUG DUG’S (Gustavo Garainzar y Beto Escoto)

El Ritual de Avándaro…

El Epílogo, (Rodrigo “popo” Díaz) y al fondo Victor Moreno (Medusa)
A 38 años de Avándaro.

Este 11 de septiembre se cumple un año más de la celebración del Festival de Rock y Ruedas en el municipio de Valle de Bravo, estado de México, en ese lugar hoy mítico y legendario para los rockeros llamado AVÁNDARO.

En 1971 la fuerza del rock hecho en México irrumpió en los medios masivos como nunca hasta entonces gracias a la perseverancia de quienes nos dedicábamos a ello (músicos, periodistas, locutores, promotores, disqueras, etc.), dentro del marco de la filosofía hippie todavía fuertemente incrustada entre nosotros a pesar de no corresponder originalmente a nuestra idiosincrasia y de que su mejor momento ya había pasado en Estados Unidos entre 1967 y 1969.

Considerando la efervescencia social y cultural que en ese momento permeaba la sensibilidad de los que éramos jóvenes rockeros (y político pensantes) durante el inicio del sexenio Echeverrista, resulta impresionante la respuesta recibida a la convocatoria realizada por los organizadores de este evento quienes no perseguían ningún afán político, solamente musical y ¿porqué no decirlo? como pretexto para “reventar” durante una “noche mexicana” al ritmo de los mejores grupos de ese momento.

No se trataba de alguna manifestación manipulada por partidos políticos llevando agua a su molino después de los sucesos del 2 de octubre de 1968 y del 10 de julio de 1971, ni de cuestionar al presidente en turno, o los abusos de la clase gobernante de nuestro país.

Tampoco se trataba de un festival musical de “gruesos” contra “fresas”, o de promoción del rock sobre otros géneros musicales instigando con ello al repudio gratuito solo porque no congeniáramos en gustos o vestimentas..

El festival de Avándaro se convirtió en una celebración de la vida que los chavos y chavas de entonces realizamos como en una suerte de auto exorcismo después de los infaustos episodios mencionados líneas atrás, más lo que se fuera acumulando durante la jornada ya que, como se ha mencionado tantas veces, ser joven o ser estudiante o ser hippie o rocker o todo junto en aquella época, era peor que ser delincuente ya que tan solo por nuestro aspecto se nos negaba la entrada a diferentes lugares o éramos arbitrariamente detenidos por la policía (en cualquiera de sus modalidades desde el paisanito vestido de “aguacate” hasta el padrote con placa de judicial), quienes nos extorsionaban por haber cometido el delito de parecer integrantes del Comité de Huelga del 68 (o sea “comunistas”) o por ser hippies (o sea, mariguanos).

Ese era el escenario urbano al momento de efectuarse el festival de Avándaro.

Con tanto en contra, realmente fue sorprendente la cantidad de chavos y chavas que se descolgaron al evento, no solamente del Distrito Federal sino también de lugares como Guadalajara, Monterrey, Nuevo Laredo, Puebla, Querétaro, Oaxaca, en fin, prácticamente de todo el país. Y no solamente eso; también vino gente de Sudamérica, Estados Unidos y Canadá, ya que la noticia de la celebración de nuestro festival de rock trascendió las fronteras y resultó ser el siguiente en magnitud solamente detrás de los de Woodstock (E.U.) en 1969 y la Isla de Wight (G.B.) en 1970.

Nunca se conocerá la cifra real de personas que asistieron a Avándaro, pero un servidor que estuvo a cargo del equipo en el escenario durante los dos días que hubo música (la noche del viernes 10 y durante el transcurso del sábado 11 hasta el inicio y conclusión del festival oficial), avala lo que se ha descrito en diferentes publicaciones a lo largo de los años; por lo menos hubo 250, 0000 personas y hay quienes aseguran que llegaron a ser 400,000. Y todos en armonía, sin violencia ni mezquindad alguna; “Paz y amor, hermano”.

Los nombres de los grupos participantes han quedado inscritos con letras de oro en la historia no solo del rock mexicano sino de la música mexicana de todos los tiempos; Los Dug Dug’s, El Epílogo, Los Tequila, La División del Norte, Peace and Love, El Ritual, Bandido, Los Yaki, La Tinta Blanca, El Amor y el Three Souls in my Mind escribieron la leyenda musical del festival de Avándaro, a base de talento y entrega en un evento único en la historia contemporánea de nuestro país.

Mención honorífica para los que lograron participar (fuera de horario), sin estar contratados; Zafiro, La Fachada de Piedra, Los Soul Masters y La Sociedad Anónima. Por separado se presentó la ópera rock Tommy de los Who durante la mañana del sábado, a cargo del grupo de teatro de la UNAM.

Mención aparte para otros grupos icónicos de esa época que debieron participar y no lo hicieron por diferentes causas; Enigma, La Revolución de Emiliano Zapata, Love Army, La Tribu y Javier Bátiz, quienes aunque no se presentaron, su obra e influencia acompañaron a la juventud de Avándaro a través de himnos propios como Caminata Cerebral, Comin’ Home, Nasty Sex o Bajo el Signo de Acuario.

Hay más músicos y grupos que aseguran haberse presentado en el festival de Avándaro al no existir registros fehacientes de ello, pero yo que estuve coordinando el escenario les puedo asegurar que solamente participaron los que menciono.

A 38 años de distancia el balance que arroja este evento continúa dando dividendos. El rock que se hace actualmente en México es herencia directa de todo lo que desencadenó el festival de Avándaro, tanto en lo positivo como en lo negativo y se necesita ser retrógradamente malinchista (como de costumbre) para pensar que todo empezó con el “Rock en tu Idioma”.

Los grupos mexicanos ya hacíamos rock original en español a principios de la década de los 70’s, quince años antes que los poperos argentinos y españoles quienes entre sus filas cuentan con músicos más coherentes que algunos de los nacionales ya que en su oportunidad no han tenido empacho en reconocer que todo empezó en México.

Por lo tanto, me enorgullezco de haber sido protagonista activo del tercer festival de rock más grande e importante en la historia mundial no solamente por la cantidad de público convocado, sino también por la calidad de las bandas participantes.

Para documentarse mejor sobre lo que aquí expongo, los invito a conseguir las grabaciones originales del Festival de Avándaro editadas hace 4 o 5 años por el incansable Armando Molina, las cuales seguramente encontrarán en el Tianguis del Chopo, o en su defecto cualquier disco de los grupos mencionados. Así mismo háganse de un ejemplar del libro Estremécete y Rueda escrito por Federico Rubli donde expone una muy interesante y bien sustentada hipótesis de los porqués del Festival de Avándaro, antes y después de su realización.

Si tuviera la oportunidad de regresar en el tiempo y volver a vivir todas las inclemencias que sufrimos durante el festival, como falta de comida, lugar para asearnos, lluvia torrencial, lodo hasta en las orejas por dormir en el suelo, insolación, caminatas interminables tanto de ida como de regreso, jorongos y cobijas empapadas, falta de iluminación en el escenario, sobre carga de personas colgadas del mismo con riesgo de caer sobre el público, frío que calaba hasta los huesos, ausencia temporal de energía eléctrica en el escenario con la consabida falta de música y reclamos del respetable, cables que fallaron a la mera hora, parches rotos, divas y divos que ni siquiera eran integrantes de los grupos y no tenían nada que hacer en el escenario (clásico del mexicano enano), lidiar con las gigantescas cámaras de Telesistema Mexicano que nos quitaban espacio vital para que a la mera hora Luis de Llano nos jugara el dedo en la boca argumentando que las filmaciones se “perdieron”, en fin, si tuviera que volver a pasar por todo ello otra vez, gustosamente lo haría de nuevo, sin pensarlo dos veces.

El festival de Avándaro nos marcó como generación, tanto a los que estuvimos allí para bien y para mal, como a los que no estuvieron por diferentes causas y de los cuales más de uno se lamentan no haber asistido a esta celebración única en nuestra historia.

Lo que los vivales de costumbre le ofrezcan a los chavos de ahora bajo ese nombre mágico solamente será pura ilusión. A nosotros nos tocó vivir con la encuerada de Avándaro. Hoy solamente les ofrecen una masturbación basada en esa imagen icónica.

Y concordando con lo que alguien expresó alguna vez, yo también estoy convencido de que jamás volverá a haber otro Festival de Avándaro…

Víctor Moreno
Anuncios

~ por el tal ramses en 11 septiembre, 2009.

Una respuesta to “RUMBO A AVÁNDARO”

  1. Soy prácticamente un novato en cuando a este tema se requiere. Yo ni siquiera había nacido cuando el Festival de Rock y Ruedas que no tuvo ruedas. Soy de 1974 y no descubrí el rocanrol sino hasta muchos años después, cuando ya todo era más sencillo de hacer, cuando ya no había tanta repre, y cuando todo mundo, como hasta hoy en día, ya toma una guitarra, canta alguna cosa simplona y ya se dice rocanrolero. Hoy en día me parece que el rocanrol no se ha popularizado ni ha permeado, simplemente se ha corrompido. Repito que hoy a cualquier cosa se le llama rock. Tener una guitarra eléctrica colgada es sinónimo de ser rockero en nuestros tiempos. Me enorgullezco de ser rocanrolero que pasó su escuela primaria musical escuchando el rock suave y soso de los cincuentas, con césar costa, los teen tops, los rebeldes y demás camadas, e hice la secundaria con los rockin, los belmonts, los apsons, y no fue sino hasta mucho después cuando conocí esas bandas que fueron censuradas luego de la famosa mentada de los Peace and Love, y ahora no tengo su material en vinil, sino en mp3, de la fachada, de la tribu, de love army, el ritual, y tantos y tantos grupos que también guardo en cd. Sólo del Three tengo casi todos en LP, lo mismo que unos cuantos más como un sencillo del peace y del ritual, algunos LPs más, pero la diferencia es muy notoria con el "rock" actual. Qué quiero decir con esto ? Que tiene razón este post, que no habrá otro festival igual a Avándaro, y tampoco un momento así. Eso ya pasó. Ahora los ídolos caen, se arrodillan, desaparecen. Lo mejor ha pasado pero todavía habemos quienes buscamos difundir ese material de la onda chicana, los que queremos seguir escuchándolo, los que queremos heredarlo a nuevas generaciones, al menos para que sepan lo que se hizo, la calidad de lo que se hizo, el esfuerzo aportado, la historia escrita. Ya me perdí, creo que no se ha entendido nada de lo que he mencionado, pero sólo quiero agregar que este post me movió las entrañas para bien. Qué chingón es leer algo de uno de los mismísimos protagonistas, qué chingón es saber lo que pasó de viva voz (viva letra) del que tuvo a su cargo parte de tan importante encargo. Que viva el rocanrol, señores, que viva por siempre. Desde Mérida, su amigo Adán Escamilla / Richard Ramírez.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: